
¡Hable usted ahora! ¿Qué ocurre allá abajo? Diga usted lo que ve, hombre de la más peligrosa curiosidad .-ahora soy yo el que escucucho-
-«No veo nada, pero oigo tanto mejor. Es un chismorreo y un cuchicheo cauto, pérfido, quedo, procedente de todas las esquinas y rincones. Me parece que esa gente miente; una dulzona suavidad se pega a cada sonido. La debilidad debe ser mentirosamente transformada en mérito, no hay duda -es como usted lo decía. » -
-¡Siga!
-« ... y la impotencia, que no toma desquite, en "bondad"; la temerosa bajeza, en "humildad"; la sumisión a quienes se odia, en "obediencia" (a saber, obediencia a alguien de quien dicen que ordena esa sumisión, -Dios le llaman). Lo inofensivo del débil, la cobardía misma, de la que tiene mucha, su estar-aguardando-a-la-puerta, su inevitable tener-queaguardar, recibe aquí un buen nombre, el de "paciencia", y se llama también la virtud; el no-poder-vengarse se llama noquerer-vengarse, y tal vez incluso perdón. También habla esa gente del "amor a los propios enemigos" -y entre tanto suda.»
-¡Siga!
-«Son miserables, no hay duda, todos esos chismorreadores y falsos monederos de las esquinas, aunque están acurrucados calentándose unos junto a otros -pero me dicen que su miseria es una elección y una distinción de Dios, que a los perros que más se quiere se los azota; que quizás esa miseria sea también una preparación, una prueba, una ejercitación, y acaso algo más -algo que alguna vez encontrará su compensación, y será pagado con enormes intereses en oro, ¡no!, en felicidad. A eso lo llaman "la bienaventuranza".»
-¡Siga!
-«Ahora me dan a entender que ellos no sólo son mejores que los poderosos, que los señores de la tierra, cuyos esputos ellos tienen que lamer (no por temor, ¡de ninguna manera por temor!, sino porque Dios manda honrar toda autoridad), - que ellos no sólo son mejores, sino que también "les va mejor", o, en todo caso, alguna vez les irá mejor. Pero ¡basta!, ¡basta! Ya no lo soporto más. ¡Aire viciado! ¡Aire viciado! Ese taller donde se fabrican ideales -me parece que apesta a mentiras.»
-¡No! ¡Un momento todavía! Aún no nos ha dicho usted nada de la obra maestra de esos nigromantes que con todo lo negro saben construir blancura, leche e inocencia: - ¿no ha observado usted cuál es su perfección suma en el refinamiento, su audacísima, finísima, ingeniosísima, mendacísima estratagema de artista?
¡Atienda! Esos animales de sótano, llenos de venganza y de odio -¿qué hacen precisamente con la venganza y con el odio? ¿Ha oído usted alguna vez esas palabras? Si sólo se fiase usted de lo que ellos dicen, ¿barruntaría que se encuentra en medio de hombres del resentimiento?...
-«Comprendo, vuelvo a abrir los oídos (¡ay!, ¡ay!, ¡ay!, y cierro la nariz). Sólo ahora oigo lo que ya antes decían con tanta frecuencia: "nosotros los buenos - nosotros somos los justos" -a lo que ellos piden no lo llaman desquite, sino "el triunfo de la justicia"; a lo que ellos odian no es a su enemigo, ¡no!, ellos odian la ‘injusticia’, el "ateísmo"; lo que ellos creen y esperan no es la esperanza de la venganza, la embriaguez de la dulce venganza (-"más dulce que la miel", la llamaba ya Homero), sino la victoria de Dios, del Dios justo sobre los ateos; lo que a ellos les queda para amar en la tierra no son sus hermanos en el odio, sino sus "hermanos en el amor", como ellos dicen, todos los buenos y justos de la tierra.»
-¿Y cómo llaman a aquello que les sirve de consuelo contra todos los sufrimientos de la vida -su fantasmagoría de la anticipada bienaventuranza futura?
-«¿Cómo? ¿Oigo bien? A eso lo llaman "el juicio final", la llegada de su reino, el de ellos, del "reino de Dios" - pero entre tanto viven "en la fe", "en el amor", "en la esperanza" » .